domingo, 3 de mayo de 2015

DIÓGENES EL CÍNICO

DIÓGENES, EL CÍNICO



( c. 412 a.C.-323 a.C.)
"Cuando estoy entre locos me hago el loco"
Diógenes el Cínico
El filósofo Diógenes, llamado el Cínico, nació en la ciudad de Sínope alrededor del año 412 a. de C. Su padre era tesorero de la ciudad, pero fue acusado de apropiarse de fondos públicos. Fue encarcelado y Diógenes fue desterrado. Se dice que Diógenes dijo al partir: "Ellos me condenan a irme, yo los condeno a quedarse."
Visitó Esparta, Corinto y llegó a Atenas, donde quiso estudiar con el filósofo Antístenes. Éste enseñaba a evitar la tentación de los placeres y la inutilidad de las convenciones sociales. Al principio Antístenes se negó a recibirlo e incluso lo golpeó con un bastón. Diógenes dijo entonces: "Golpéame, Antístenes, pero nunca encontrarás un bastón lo suficientemente duro como para apartarme de tu presencia, mientras pronuncies palabras de valor." Complacido, Antístenes lo admitió como discípulo.
Antístenes fue el fundador de la escuela de los Cínicos, y Diógenes se convirtió en su figura más importante. Los cínicos tomaban como ejemplo de conducta a la naturaleza y los animales, pues predicaban la autosuficiencia como forma de alcanzar la felicidad. El nombre de Cínico (en griego kynikós) se deriva de la palabra kynós , que significa "perro". Conforme a este ideal, Diógenes se vestía con telas toscas y llevó una vida muy austera. Descansaba en los pórticos de los templos atenienses, y en una ocasión pidió a un amigo que le consiguiera un lugar para vivir. Al pasar el tiempo sin recibir respuesta, Diógenes tomó como hogar un tonel, soportó las inclemencias del tiempo y sólo comía lo que le proporcionaban manos caritativas.
Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad. Llevó una vida de austeridad y mortificación. Una historia relata que lo único que poseía Diógenes era un tazón que usaba para beber agua de una fuente, pero la desechó por se innecesaria el día que vió a un joven bebiendo del cuenco de la mano.
Los cínicos también rechazaban las convenciones sociales. Diógenes especialmente criticaba las diferencias de clase. Se dice que estaba comiento lentejas cuando fue visto por el filósofo Aristipo, que vivía con comodidad a expensas de la corte ateniense. Aristipo le dijo a Diógenes: "Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer lentejas". Diógenes replicó: "Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey".
Despreciaba a los letrados de su épóca por recitar los sufrimientos de Odiseo, tal y como fueron relatados por Homero, pero que no atendían a los sufrimientos de sus propios conciudadanos. Criticó también a los oradores que predicaban la verdad, pero no la practicaban. Recorría también las calles de Atenas a plena luz del día, llevando en su mano una linterna encendida. Al preguntársele la razón de este acto, contestaba: "Busco un hombre honesto".
Cuando era ya un hombre de edad avanzada, quiso viajar a Egina, pero fue capturado por piratas, quienes lo llevaron a Creta para ser vendido como esclavo. Cuando se le preguntó qué sabía hacer, respondió: "Sé gobernar a los hombres, por lo tanto véndeme a quien necesite un amo". Esta respuesta fue escuchada Xeníades, un hombre acaudalado de Corinto. Impresionado, compró a Diógenes, le devolvió la libertad y le pidió que educara a sus hijos y se encargara de sus asuntos domésticos. El filósofo demostró tanta sabiduría y fidelidad que Xeníades no se cansaba de decir que los dioses habían enviado un genio a su casa.
Fue durante su residencia en Corinto que ocurrió el célebre encuentro entre el filósofo y Alejandro Magno de Macedonia. Según relata Plutarco, Alejandro se encontraba en Corinto recibiendo honores por haber conseguido el liderazgo de las fuerzas griegas para enfrentarse a los persas. Aunque Alejandro estaba rodeado de las grandes personalidades de Grecia, se asombró al no encontrar entre ellas a Diógenes, cuya fama había llegado hasta sus oídos. Deseoso de conocer a alguien que mostraba tal desdén por la autoridad y el poder, Alejandro fue en su busca, y lo encontró tomando el sol. Se acercó y le dijo: "Soy Alejandro de Macedonia; dime en qué te puedo servir". Diógenes respondió: "Apártate a un lado, pues me tapas el sol". Alejandro se apartó asombrado y dijo a sus amigos: "Si yo no fuera Alejandro, desearía ser Diógenes".
Diógenes falleció en el 323 a. de C. aproximadamente. En su tumba fue erigida una columna de mármol, coronada por la figura de un perro. No dejó sistemas filosóficos, pues siguiendo con el ideal cínico se concentró más en el ejemplo que en la teoría. 


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